miércoles, junio 30, 2004

Declaración de principios  

Siempre me ha gustado leer las pintadillas anónimas que te encuentras garabateadas en los servicios de los bares. Me encanta. Es como tomarle el pulso al bar y a su gente, y yo diría que casi a la sociedad entera. Las hay de todo tipo: fracesillas célebres mal recordadas, sentencias lapidarias, declaraciones desesperadas, ingeniosas conclusiones posiblemente inspiradas por el alcohol, números de teléfono con una propuesta sugerente -casi seguro que el verdadero propietario del número ni lo sabe- o alguna amenaza velada. A veces doy con unas que se contestan a otras y continúa con todo un hilo desordenado de réplicas que se sobreescriben entre sí como queriendo gritar más que el otro. Las hay grandes y decididas, hechas por gente que sale armada de indeleble y las hay tímidas de alguien que por casualidad se ha encontrado con un boli en el bolsillo. Las hay geniales -las menos- y otras muy malas, que dicen más bien poco de su autor -la cuestión es dejar marca- y las hay a lápiz, grabadas con las llaves de casa, quemadas con mechero..
Cuando pasa el tiempo y tardas en volver a aparecer por el bareto que tanta sabiduría popular albergaba y lo encuentras recién pintadito de celeste o amarillo pergamino sin ningún rastro de garabatos, sientes como una repentina sensación de censura total, de recorte a la libertad de expresión, de puñetazo en la mesa y de "aquí se va a acabar esto", aunque probablemente sólo sea el dueño del bar en todo su derecho de sanear y limpiar los servicios y darles una imagen más limpia, que para eso es suyo y hará lo que le venga en gana.
Creo que alguna vez yo mismo sí que he hecho alguna pintadilla, pero de las tímidas, de las que no destacan nada de nada entre el barullo ni dicen nada revelador, quizá el nombre de alguna banda de r&r o un fragmento de una canción. Un impulso adolescente genuino que a buen seguro sobrevivirá a capas de pintura y barnices varios por los baretos del mundo.
Precisamente me encontré recientemente la siguiente frasecita en los servicios de un bar que hacía tiempo que no pisaba y que tampoco hacía mucho que había sido pintado. No destaca por nada especial salvo por ser casi la única que había. El contenido, eso sí, toda una declaración de principios.

pues eso, y cuidadito ¿eh?

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sábado, junio 26, 2004

En continua decisión  


ojalá todas las decisiones fueran como ésta

(pssst.. insensatez, ven y echa una mano)

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jueves, junio 03, 2004

Matmos  

Matmos

Matmos

Asistí al concierto de Matmos y, aunque los teloneros me hicieron dudar al principio, adiviné en cuanto la pareja sónica salió al escenario que iba a presenciar el espectáculo justo por el que había venido. Está claro que no fue un concierto para todos los gustos, por razones más que obvias, pero particularmente me gusta esa forma de hacer música con lo primero que les cae a mano, crear una atsmófera sonora que puede llegar a ser puro ruido y luego emerger a melodías más reconocibles. Las proyecciones de fondo encajaron perfectamente con la música y los paisajes sonoros. No eran alardes de animación (ni falta que hacía) sino imágenes antiguas de la guerra civil norteamericana que contrastaban increíblemente bien con la época musical en la que se mueven Matmos, e intercalados de filmaciones a tiempo real del funcionamiento interior de los extraños instrumentos musicales que presentaron en escena. Quizás fue algo corto en duración, y eché de menos algo que se pudiera bailar más desenfadadamente para el final, pero salí del recinto bastante inspirado y con ganas de llegar a casa y samplear las rascaduras de limón o el roce de la cortina del baño. ¿Con cualquier cosa se puede hacer arte? bueno, pero tienes que ser un artista. Matmos lo son.

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