Durante las misiones tripuladas a la Luna, la última fase de los lanzadores, los llamados S-IVB, gigantescas moles de casi veinte metros de longitud y siete de diámetro, se solían estrellar contra la superficie selenita para estudiar el impacto sísmico o se enviaban a una órbita heliocéntrica donde debían permanecer indefinidamente.
Pero en 1969 algo falló en el intento por situar en órbita alrededor del Sol el S-IVB del cuarto viaje lunar, perdiéndose en el espacio profundo sin dejar rastro.
En 2002, el S-IVB volvería brevemente a las proximidades de la Tierra, siendo detectado por un astrónomo aficionado que logró calcular su trayectoria y estimar su futuro regreso dentro de varias décadas.
Fue llamado: J002E3.
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