miércoles, 23 de septiembre de 2009

Nueva York, otra vez  


Pues sí, otra vez, y ya de vuelta de pasar 12 fantásticos días en la Ciudad de Nueva York. Es mi cuarto salto y cada vez se me hace una ciudad más cómoda y atractiva. Esta vez no he sentido el viaje como irme al otro lado del mundo como anteriores veces, en el que el protocolo de cruzar el charco y la inmensidad de la ciudad le quitaba algo de esa naturalidad de la que sí he disfrutado ahora mucho más. Naturalidad que por otro lado no le ha quitado ni un poquito de esa fascinación que desprende este impresionante amasijo de cemento, asfalto y gentes. Nueva York vivida a pie de calle es un auténtico balneario para los sentidos, el sitio perfecto para hacer salir ese tipo de poesía urbana tan personal de cada uno.

Las actividades de este viaje han sido las habituales de las otras veces: conciertos, copas, museos, vida social, compras… pero sin demasiadas prisas y dejando bastante a la improvisación. Lo programado ha sido mínimo, aunque nada más llegar estaba previsto dar un salto al Bowery Ballroom a ver Kings of Convenience, y dos días más tarde en el mismo sitio a los buenísimos The Dirty Three, con aparición sorpresa de Nick Cave incluida. Algo más que también tenía en mente pendiente de otros viajes era ver el gigantesco Metropolitan y su impresionante ala egipcia. Increíble y apasionante, pero es para echar varios días, no me dio tiempo casi ni a subir de planta.

El resto de días han sido prácticamente inventados sobre la marcha, y se han movido entre salir por ahí, cenas, cine, fiestas y compras, de las cuales, entre otras muchas cosas, me he pillado un pedal fuzz para intentar adaptarlo al theremin y ensuciarle un poco el sonido (a ver cómo resulta el experimento). Luego las noches de copas no han sido especialmente intensas en cuanto a copeo indiscriminado –tampoco hubiera tenido demasiado sentido- y sí más de buscar los sitios ideales, por ejemplo la noche del KGB bar, al que fuimos después de ver un concierto de la Metropolis Ensemble (y posteriormente un espectáculo con dos theremins usados para lanzar y mezclar samplers), y al que entró como cualquiera otra Björk a tomarse una copa (estas cosas en mi tierra no pasan). O la noche de aquel hombre encantador que coleccionaba de todo en su casa, con escaparate incluido y que confundimos con un bar, y a la que, tras hablar un rato con él, nos invitó a pasar para recreo de nuestros sentidos por la cantidad de increíbles objetos personales que había ido acumulando allí durante toda su vida.

La verdad es que de cada día podría escribir una pequeña historia. Sigo diciendo que aunque viviera en esta ciudad durante años sería imposible encontrar un día entero sin nada que hacer y sin ver algo curioso. La oferta artística es simplemente impresionante, y la ciudad está diseñada para moverse rápidamente de un lado para otro. Vivir aquí una temporada debería ser un sueño para cualquier urbanita.

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2 aprensiones:

At 12:52 p. m. , Blogger escritores negros dijo...

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At 6:11 a. m. , Blogger Vip Vop dijo...

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