martes, 13 de marzo de 2012

The Walking Dead  

Teniendo como origen el cómic del mismo nombre y ayudada por la tremenda promoción que hicieron los medios es normal que la serie despertara en su momento una de las mayores expectaciones que recuerdo en las semanas previas a su emisión. Todo el mundo sabía que se iba a estrenar una serie de zombies basada en las historias ilustradas de Kirkman y Moore y que prometía mucho más de lo que habíamos visto hasta ahora en el mundo de los muertos vivientes (y precisamente poco no hemos visto), así que todos devoramos con apetito zombie aquel esperado primer gran episodio que sí cumplió más que correctamente con lo imaginado, realmente había algo diferente respecto a lo ya visto, aunque, al menos por mi parte, la serie fue perdiendo fuelle con cada una de las cinco entregas posteriores hasta llegar a resultarme casi sin interés a pesar del ligero reflote que marcó el último capítulo de la primera temporada.


Tras unos cuantos meses y varios guionistas despedidos después, la serie volvió con una segunda temporada trasladada a un entorno más rural, con menos zombies y más presencia humana que prácticamente no se mueve del sitio –una granja- en toda la temporada, ingredientes perfectos para que el producto esté más cerca de un culebrón venezolano que de un apocalipsis zombie. Pues bien, con todo eso va y les sale una temporada más que redonda, extrema, violenta y emocionalmente extenuante. Justo lo que no tuve con la primera, en la que teóricamente se incluyeron todos los elementos clásicos del género para incomprensiblemente lograr ese aprobado raspado dado por muchos seguidores del mundillo.

El cómic original es así, tremendamente violento y con el peligro repartido al 50% entre los zombies y los propios humanos, tanto propios del grupo como externos, y en el que nadie es intocable, incluso para el protagonista, Rick Grimes, lo cual crea una sensación mucho más al límite y más coherente con lo que supuestamente debe ser una situación así: una con los valores morales totalmente dados la vuelta en la que solo importa la supervivencia en un mundo cuya civilización se ha ido al garete delante de tus narices y en la que puedes ser pasto de los zombies en cualquier momento y en la que no te puedes fiar de nadie (vivo).


Con tal planteamiento sobre el papel lo que menos esperas es que la versión televisiva derive en un –esta vez sí- culebrón en la que las relaciones personales dentro del grupo tengan ese tufillo a familia con sus problemillas que se resuelven sentándonos todos a hablar alrededor del fuego. Perdona pero no, que yo sepa esto es el fin del mundo. Uno de los consejos de ese gran libro que es 101 cosas que aprendí en la escuela de cine dice literalmente ‘quema los puentes de tus personajes’, esto es exprimirlos, llevarlos al extremo, no permitir que vuelvan a su cómodo estado anterior, vamos, no dejar de ellos ni las migajillas para el siguiente capítulo (lección que bien aplica la misma cadena a sus otras series como la increíble Breaking Bad y que se olvidaron por completo en la primera de The Walking Dead).

Pero volviendo a esta nueva entrega de 13 episodios (cuya finale es el próximo domingo) hay que decir que esa lección ha quedado más que aprendida, y que el entorno rural ha resultado perfecto y mucho más claustrofóbico que las urbes inhabitadas, y que aunque se mantienen las relaciones entre los del grupo como trama principal tanto o más que antes, éstas han derivado en recelos e impredecible tensión violenta, mucho más acorde con el nerviosismo de tener un fin del mundo a la vuelta de la esquina. Y por último los zombies, que es verdad que aparecen poco pero cuando lo hacen inquietan de verdad, con esos sobrecogedores y asquerosos primeros planos unidos a su violenta obsesión por sacarte las tripas a manotazos. Está justo como queríamos, como en el cómic, situaciones límite a cada segundo, físicas y mentales, en las que absolutamente ninguno de los personajes está a salvo y en las que los cliffhangers de cada final bien podrían haber disparado la industria de los ansiolíticos episodio a episodio. Para el próximo y último, tal y como ha quedado la cosa, me he reservado varias cajas.

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