martes, 27 de julio de 2010

Donde sopla el viento  

Pues es en Tarifa, la ciudad más al sur de Europa y el sitio en el que cuando sopla rabioso el racheado viento de levante es mejor quedarse en casa si no llevas el kitesurfing en las venas. Suerte para los no surfistas –por ejemplo el que suscribe- que para esta estancia de cuatro días ha habido tregua eólica y salvo algunos ocasionales latigazos de abrasiva arenilla, se ha podido disfrutar de las profundamente simples actividades playeras típicas de toda la vida, esto es, estar tumbado al sol, descansando eternamente... ♫



Además de tostarse a lo vuelta-y-vuelta y chapuzoncillos varios, otra actividad ha sido exprimir al máximo el sentido del gusto en los locales de la zona, especialmente el restaurante Morilla en el centro de la ciudad, del cual es mejor que hable con el babero puesto: simplemente exquisito, una auténtica gozada gastronómica, parada obligatoria por aquí si se quiere disfrutar de platos servidos como dios manda. Nosotros repetimos todos los días. Pa’ chuparse los dedos, vamos.



Todo lo contrario de otro sitio en la zona de la alameda tarifeña en el que, de haber probado bocado de aquella paella, quién sabe si hubiéramos caído instantáneamente muertos por envenenamiento. Lo cierto es que los únicos culpables fuimos nosotros mismos por no haber prestado toda la atención a las innegables señales que marcaban el lugar como inmundo: primero, los escasos comensales parecían sacados de una tira de Pedro Vera, segundo, tardaban menos de 15 minutos en ‘hacerte’ la paella, tercero, las fotos de la carta eran tan perfectas que simplemente no podía ser verdad, y cuarto, la vocecilla de tu instinto de supervivencia gritando en tu interior: ‘huye, loco!’, pero desgraciadamente apagada por la salvaje sensación de hambre ciega que traíamos de la playa y que no nos dejó ni un segundo para pensar correctamente. Una vez con el plato en la mesa y tras confirmar nuestras peores sospechas dijimos adiós al sitio sin probar bocado –era todo tan evidente que ni nos preguntaron el motivo- y nos fuimos directamente al Morilla a enmendar el error. A grandes males, grandes remedios, y en este caso el error demandaba una suculenta y plena venganza.

Por cierto, si la variante paellera de ‘Congelados Bellotez’ se hace en tan sólo 5 minutos al microondas, ¿por qué nos dijeron 15? ¿qué hicieron los 10 minutos restantes? mmm.. se me ocurre de todo, pero en realidad prefiero no saberlo...

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