viernes, 3 de agosto de 2007

Únicas oportunidades  

Me gustan los momentos de únicas oportunidades, el instante justo del ahora o nunca, el momento decisivo. El penalty en el último segundo de la copa del mundo con un empate en el marcador. La falta personal con el tiempo agotado y perdiendo de un punto. Me gusta que haya un cable azul y otro rojo y que en un reloj digital sólo queden tres segundos y bajando. Me gusta que haya tan solo un último fósforo y que sople un poco de viento. Me encantan las trampas de mecanismo lento cuando aún está atrapado el héroe. Me quedo siempre sin respirar con la última bala del francotirador y el polvorín. Sufro de taquicardia galopante cuando se escucha ruido de llaves a punto de entrar en tu escondrijo. Me fascina cuando el infiltrado en la fiesta sospecha que le han descubierto. Comparto siempre la angustia de los testigos solitarios ante hechos sobrenaturales. Me encanta el instante previo a la lectura del veredicto. Los metros de pasillo que restan hasta el tablón de las notas de fin de curso. Me encanta no saber si le gusto a la chica que me gusta, me encanta.

Y el caso es que al final alguien marca o falla el gol y en ambos casos respira uno tranquilo, y lo mismo con la canasta. El cable que se corta siempre es el que para el reloj. Por supuesto que el fósforo enciende, faltaría más. Y nuestro héroe se libra de todas sin un rasguño. El polvorín explota que da gusto. Entran, si, pero no te ven porque detrás de la mesa hay un hueco ni que hecho a tu medida. Expulsan de la fiesta a tu delator por paranoico o el pobre sufre un infortunado accidente. Al final consigues demostrar para sorpresa de todos que los alienígenas sí que aterrizaron en tu jardín. En el jucio resulta que es inocente y todos aplauden. Respecto a lo de las notas, has aprobado por supuestísimo, y lo de la chica.. ahí, tu ves, está menos clara la cosa, probablemente, más bien segurísimo, no haya un final a lo '5º Elemento'.

Todos son desenlaces con previsible final feliz, la mayoría de ficción (uno ya sabe cuando ha aprobado y cuando no al salir del examen, seamos sinceros, cuando sabemos que hemos cateao reconozcamos que no vamos ni a verlas, tomamos el camino de la cafetería!), pero que la situación de espectador y la progresión de la trama lo convierte por momentos en absolutamente real. Fuera de la ficción me gustan las réplicas que se dan de en cuando en cuando en la vida que pisamos, esos momentos donde convergen situaciones absolutamente emocionantes en las que por alguna razón puedes usar tu llave del desenlace. La clarividencia de crear un momento sublime a partir de juntar algunas piezas, el instinto de saber qué, dónde, cuándo y a quién con total seguridad, y la satisfacción de que finalmente salga todo perfecto.

Cada vez se dan menos esas situaciones, es cierto, pero de vez en cuando se dan, aunque sean miniaturas de otros tiempos en los que el arte de crear estaba al 100%. Por eso mismo, cuando se presenta una ocasión grande, no queda otra que poner a punto la maquinaria y recordar un poco de cómo se hacían las cosas antes cuando queríamos provocar la fascinación de alguien. El resultado era y sigue siendo poco menos que espectacular.

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